Si preguntamos en la población sobre alimentación, seguramente se repetirían mucho algunas frases como «hay que comer 5 veces al día» o «el desayuno es la comida más importante del día».

Aunque el número de ingestas es sólo una pequeña parte de lo que debemos tener en cuenta a la hora de alimentarnos, sí es cierto que es una que suele causar más controversia y resistencia a la hora de cambiar nuestros hábitos alimenticios.

¿De verdad nuestros abuelos, o los suyos, o si retrocedemos decenas de generaciones, siglos, milenios… comían 5 veces al día? Y sin embargo nos las hemos apañado para llegar hasta aquí. Paradójicamente, en un tiempo de abundancia (en nuestra sociedad) donde no dejan de aumentar enfermedades asociadas a ella. Insisto, no se trata sólo del número de comidas al día, pero es un factor muy a tener en cuenta.

La idea de comer tantas veces al día, se popularizó como una medida que servía para perder peso, pensando que así no se activarían los mecanismos para almacenar grasa ni llegaríamos hambrientos a la comida, evitando así los atracones. Y es una estrategia que puede ser adecuada para determinadas personas, en determinados momentos. ¿Pero como recomendación para la población general? No.

Recuperar la sensación fisiológica de hambre real es fundamental y cuando se trabaja poco a poco, con el tiempo, esto lleva a personas a comer 3, 2 o incluso 1 vez al día.

No se trata de decidir hacer un determinado número de comidas al día, sino de que la recuperación de nuestras sensaciones, reconciliadas con nuestra fisiología, nos lleve de un modo natural a la cantidad de ingestas diarias que cada uno necesite para ese momento.

Y con esto, debo apuntar que se suele tratar de un aprendizaje progresivo, que dependerá mucho del punto de partida metabólico de cada uno, y que puede aligerarse y hacerse en un ambiente más seguro de la compañía de un terapeuta.

Escuchemos más nuestras sensaciones reales de hambre y en la medida de lo posible, desvinculémonos de las convenciones y generalidades, porque quizás para nosotros, estén colaborando más a nuestro malestar que a nuestra salud.

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